jueves, 24 de julio de 2008

La historia del maestro zen y el chaval

Oido en "Charlie Wilson's War" (2007)

Gust Avrakotos (un soberbio Philip Seymour Hoffman) cuenta: "Oye, no es por nada, pero ¿conoces la historia del maestro zen y el chaval? [...]
Al cumplir los 14 años a un joven le regalaron un caballo y todos en la aldea dijeron: '¡Qué maravilla! ¡El muchacho tiene un caballo!'
Y el maestro zen dijo: 'Ya se verá'

Dos años después se rompió la pierna al caer del caballo y todos en la aldea dijeron: '¡Qué terrible!'
Y el maestro zen dijo: 'Ya se verá'

Entonces estalló una guerra y todos los jóvenes fueron al frente menos el chico que tenía la pierna destrozada y todos en la aldea dijeron: '¡Qué maravilla!'
...y el maestro zen dijo: 'Ya se verá' "

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Hoy, tras más de diez años trabajando para la misma empresa, se hace efectivo mi despido.

Para mi sorpresa, dentro de mi círculo de relaciones y, en general, la gente se ha ¿alegrado? por la noticia.
Ahora tengo ante el tener que decidir por el camino por donde tirar, pero no existe (¿debo preocuparme por ello?) una preocupación o urgencia inmediata por qué hacer.

¿Iremos a mejor o peor?
¿Cambiaremos de sector profesional o aprovecharemos las canas tan pacientemente adquiridas en el ejercicio de mi trabajo?
¿Tendremos un futuro (bueno, dos) venturoso?
¿Será, eso espero, divertido?

Queridas y queridos, como el maestro zen dijo... ya se verá.




The story about the zen master and the little boy

Gust Avrakotos ("Charlie Wilson's War" (2007)) says: Listen, not for nothing, but do you know the story about the zen master and the little boy? [...]
There's a little boy and on his 14th birthday he gets a horse... and everybody in the village says, "how wonderful. the boy got a horse"
And the Zen master says, "we'll see."

Two years later The boy falls off the horse, breaks his leg, and everyone in the village says, "how terrible."
And the Zen master says, "We'll see."

Then, a war breaks out and all the young men have to go off and fight... except the boy can't cause his legs all messed up. and everybody in the village says, "How wonderful."
...And the Zen master says, "We'll see."

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Today, after ten years' work for the same company, my dismissal becomes effective.

To my surprise, within my circle of friends and aquaintances, people are,,, glad? about the news. Now I have to decide the way I should take, but I do not feel (must I worry about it?) preoccupied or in urgent necessity of taking that decision.

Are things going to get better or worse? Are we going to change our professional sector or are we going to make the most of the experience patiently acquired in the practice of my work? Are we going to have a lucky future (well, two futures)? Will it be, I hope so, fun?

My dears, as the zen master said... we'll see.

6 comentarios:

Jonny dijo...

El caballo ya era indomable, tiraba al joven continuamente de la grupa, y nunca agradeció el heno que se le daba. Para colmo de males, el caballo fue el que decidió prescindir del Joven.

El joven, con pierna rota o sin ella, se vio obligado a buscar otro caballo.

Por suerte, en el campo se encuentran buenos caballos para buenos jinetes. No es fácil dar con uno, pero haberlos haylos.

Ramón dijo...

Hace muchos años que el caballo se había convertido en mula parda. El jefe del establo era perezoso y fustigador.

Después de esta experiencia con cuadras de tercera. Correrás el Grand National. Seguro

Jonny dijo...

Vaya, pues sí que dió de sí lo del caballo. Se me ocurren otros símiles animalescos, pero dejémoslo correr :-)

Pablo dijo...

¡Joder! Cualquiera hace una quiniela con el maestro zen
– ¿Levante – Las Palmas, Maestro?
– Ya veremos . . .

A lo mejor tenía un glaucoma, estaba en lista de espera de la Seguridad Social, y le habían dado alguna esperanza. Y claro, el hombre andaba obsesionado.


Lo que está claro es que con esta respuesta el maestro zen jamás se equivocaba. Algunos con tal de escurrir el bulto llegan incluso inzentarse religiones. Seguro que esto fue concebido por algún ministro o potentado esclavista de la época.
– ¿Cuando podré trabajar menos de doce horas al día?, Oh Amo y Señor.
– Ya veremos . . .

Por lo visto los tiempos no han cambiado demasiado. Si me apuran yo diría que la condición humana ha derivado a peor. A mucho peor. Han sido muchos años evolucionando distintas maneras de joder al prójimo.
Y los que nos quedan.

Por eso yo soy de los que me he alegrado por ti.
Porque diste una lección de caballerosidad y saber estar en todo momento.
Porque nadie podrá reprocharte nada desde el punto de vista profesional.
Porque vuelves a ser dueño de tu vida. (Al menos mientras no firmes una hipoteca o tengas hijos, claro).

Y al maestro, al caballo, al guaje que se ostió, y a la madre que los parió a todos . . .
QUE LES DEN POR EL CULO.

joleman dijo...

Al cumplir 26 años me regalaron un caballo... y pensé: ¡qué maravilla!

Pero dos años después, al ver cómo la mayoría de mis amigos jinetes (a los que también les habían regalado un caballo parecido al mío) se iban rompiendo las piernas al caer de ellos o preferían bajarse en busca de un caballo mejor... pensé: ¡qué terrible!

Hoy en día soy de los pocos que sigo aún sobre mi caballo, pensando si arriesgarme a que me tire o bajarme sin más de él. Pero tú, amigo mío, que ya no dependes de ningún caballo para seguir escribiendo tu propia historia, verás cómo el tiempo pone todo en su sitio y, hagas lo que hagas, tienes toda la suerte que te mereces.

Un fuerte abrazo.

Molusco Pardusco dijo...

Quien entienda de caballos
que lo aclare de una vez,
¿A qué raza pertenece
el caballo de ajedrez?
No le gusta el campo,
no sabe comer,
ni lleva herraduras,
ni puede correr.

¿Qué caballo es ese?
¡¡ EL CABALLO DE AJEDREZ !!
(Dora Alonso)

Ya eres libre, no dudes en volar allá donde te lleve tu instinto, seguro que todo te va bonito, yo te lo deseo porque te lo mereces y capacidad te sobra.

Mil gracias... dos mil gracias por ser como sos.